Tu aliado en cada proyecto

Descripción de la imagen
regressar Regresar
Más intención, menos propósitos: convierte tus planes en logros concretos

Más intención, menos propósitos: convierte tus planes en logros concretos

Organización y Productividad

Cada inicio de año o de ciclo solemos hacer lo mismo: una lista larga de propósitos.

“Ahora sí voy a organizarme mejor”, “voy a tener más tiempo para mí”, “voy a ser más productivo”.

El problema no es la falta de deseos. Es que muchas veces se quedan en frases generales que no se traducen en acciones reales dentro de tu semana. Ahí es donde entra la diferencia entre propósito e intención:

  1. El propósito dice qué quieres.

  2. La intención te ayuda a decidir para qué y cómo lo vas a hacer, día a día.

En lugar de tratar de cambiar toda tu vida en enero, puedes usar una técnica sencilla: pasar de las grandes declaraciones a pequeños acuerdos contigo mismo que caben en tu agenda, en tu escritorio y en tu rutina real.


1. De los propósitos vagos a intenciones concretas

Un propósito típico puede sonar así:

  1. “Quiero ser más organizado.”

  2. “Quiero tener mejor equilibrio entre trabajo y vida personal.”

Si lo dejas así, es difícil saber qué hacer mañana. Cambia el enfoque haciéndote estas preguntas:

  1. ¿Qué quiero sentir de forma diferente este año?

  2. ¿Qué me gustaría que cambie en mis días, no solo en mis resultados?

Por ejemplo:

  1. “Quiero terminar la jornada con menos sensación de prisa.”

  2. “Quiero tener espacio para pensar, no solo para responder correos.”

Esa intención ya te da una pista para tomar decisiones más claras sobre tu tiempo.


2. Técnica simple: tres niveles para aterrizar tus planes

Para que tus planes se conviertan en logros, ayuda mirar tu año en tres niveles: año, mes y semana.

Nivel 1: Año

Piensa en 2 o 3 áreas que realmente quieres cuidar:

  1. Tu salud.

  2. Tu trabajo.

  3. Tus relaciones.

No necesitas una lista eterna. Solo define qué te gustaría que sea diferente cuando termine el año:

“Quiero sentir que mi agenda no está llena solo de urgencias”,

“Quiero tener al menos una tarde libre a la semana”, etc.

Nivel 2: Mes

Luego, pregúntate:

  1. ¿Qué puedo hacer este mes para acercarme a eso?

Por ejemplo:

  1. Definir horarios claros para terminar el día.

  2. Reservar un espacio semanal para revisar pendientes con calma.

Aquí puedes usar una hoja mensual o un planeador de pared para anotar esas decisiones visibles: reuniones importantes, cierres, momentos de descanso que no quieres seguir posponiendo.

Nivel 3: Semana

Cada semana, traduces esas ideas en acciones muy concretas:

  1. ¿Qué 2 o 3 cosas de verdad necesitan pasar esta semana para honrar mi intención?

No es “ser más organizado”, es:

  1. “Limpiar mi bandeja de entrada hasta un punto manejable.”

  2. “Bloquear una hora para pensar el siguiente proyecto.”

  3. “Cerrar ese pendiente atrasado que me quita energía.”


3. El ejercicio de las “tres prioridades del día”

Una técnica muy usada por profesionales para no ahogarse en listas interminables es elegir solo tres prioridades al día.

Funciona así:

  1. Al inicio de la jornada, en tu agenda o cuaderno, escribe:

  2. 1 tarea importante que sí o sí quieres avanzar hoy.

  3. 2 tareas medianas que, si las completas, harán que el día valga la pena.

  4. El resto de pendientes pueden ir en otra lista secundaria, pero tu foco está en esas tres.

Esto no significa que harás solo eso, pero te ayuda a no perderte en lo urgente y a garantizar que cada día avance algo que realmente importa para tus planes.

Puedes usar diferentes colores para marcar estas prioridades en tu agenda o en un pizarrón planeador: lo que está marcado se convierte en un compromiso contigo.


4. Haz que tus planes vivan en tu espacio, no solo en tu mente

Para que la intención se convierta en acción, es clave que tus decisiones se vean:

  1. Una agenda en papel donde escribes tus tres prioridades diarias.

  2. Un pizarrón en tu espacio de trabajo donde se vea el enfoque del mes.

  3. Carpetas o separadores donde guardes tus planes, notas y listas de ideas sin que se pierdan.

La idea no es llenar tu entorno de cosas, sino elegir pocas herramientas que te recuerden lo que decidiste. Cuando levantas la vista y ves tus notas, es más fácil recordar hacia dónde vas.


5. Cierra la semana con un mini chequeo

Para evitar que tus planes se queden en buenas intenciones, dedica 10 minutos al final de la semana a revisar:

  1. ¿Qué sí avanzó de lo que era importante?

  2. ¿Qué sigue pendiente y por qué?

  3. ¿Qué puedo ajustar para la próxima semana?

No se trata de juzgarte, sino de observar. Tal vez descubrirás que necesitas menos tareas por día, o más bloques de trabajo sin interrupciones, o mover ciertas actividades a otro momento.

Ese pequeño espacio de revisión convierte tus planes en un proceso vivo: corriges, ajustas y vuelves a empezar con más claridad, no desde cero.


Más intención, menos presión

Al final, planear con intención no es prometerte que “este año todo será diferente”.

Es mirarte con honestidad, elegir lo que de verdad importa y darle un lugar concreto en tu agenda, en tu espacio y en tu rutina.

Si tus planes están alineados con lo que necesitas y los vuelves visibles en tu día a día, dejan de ser propósitos lejanos y empiezan a convertirse en logros, uno a la vez.


senviar
Descripción de la imagen

Visita nuestras tiendas oficiales

Aviso de privacidad © 2025 ACCO Brands. All Rights Reserved